Ante la pregunta de porque decimos que poseemos un espacio cuando vivimos en él, nace mi interés sobre el objeto humanizado y el individuo objetivizado.
El espacio domestico es una concatenación de espacios definidos por sus usos. Existe un comedor donde siempre encontraremos una mesa y unas sillas para comer, un dormitorio con una cama para dormir, una cocina para cocinar, etc. Lo cierto es que nos movemos en casa siguiendo sus premisas. ¿hasta que punto somos dueños de ese espacio?.¿No es acaso al mismo tiempo, el espacio nuestro dueño y nos obliga a comportarnos a su gusto?.
En respuesta, realizo una serie titulada Atrapados, donde creo esculturas y fotografías que presentan a individuos que son híbridos de elementos del mobiliario y al mismo tiempo son muebles con prótesis humanas. En todo mi trabajo me interesará siempre la reversibilidad de los signos y las constelaciones de tensiones, fuerzas y poderes que se intercambian constantemente.
Poco a poco, mi observación acerca de la relación del individuo se aleja del entorno doméstico para centrarse en la relación del sujeto consigo mismo y con otros sujetos. Bien en el entorno laboral o bien desde su propio cuerpo, negando su identidad ocultándose con su propio pelo o fusionándose con los otros mediante su pelo. Son personajes, que no individuos, que se convierten en victimas y verdugos de la acción.